Los ojos de una vieja amistad
Un frenazo en el bus me lanzó casi encima de una mujer desconocida, pero al mirarla, reconocí a Valeria, mi mejor amiga de la infancia, con quien no hablaba desde hacía veinte años. El reencuentro removió heridas profundas: traiciones familiares, secretos guardados y el dolor de una amistad rota por la pobreza y la envidia. Ahora, frente a frente, debíamos decidir si el pasado podía perdonarse o si las cicatrices eran demasiado hondas.