“Pero mamá, siempre pudiste…”: El verano que me cambió para siempre
Un verano que debía ser solo una ayuda temporal para mi hijo y mi nuera se convirtió en una prueba de mis límites y mi dignidad. En vez de gratitud, recibí reproches y exigencias, lo que me obligó a replantear mi papel en la familia y a buscar respeto por mis propias necesidades. Esta es la historia de cómo aprendí a decir basta y a priorizarme, aunque doliera.