El banco de limonada y el secreto de la calle Toledo
Me llamo Lucía y nunca olvidaré aquel verano en el que mi hermano pequeño, Samuel, montó su puesto de limonada en la acera de nuestra calle en Toledo. Nadie se acercaba, todos evitaban mirarle, como si su enfermedad fuera contagiosa o incómoda. Aquella tarde, un simple cartel cambió nuestras vidas y desnudó el miedo y la compasión de un barrio entero.