Un deseo silencioso que cobró vida gracias a amigos inesperados

Un deseo silencioso que cobró vida gracias a amigos inesperados

Me llamo Tomás y nunca olvidaré el verano en que mi vida cambió para siempre. Tenía siete años, una enfermedad me había robado el pelo y la fuerza, y mi único sueño era ver mi pequeño puesto de limonada lleno de gente. Lo que no sabía era que la esperanza podía llegar rugiendo sobre dos ruedas y con corazones más grandes que cualquier miedo.