Herbatka de los martes: Un teléfono contra el silencio
Me llamo Jerónimo y tengo setenta años. Vivo solo en un barrio tranquilo de las afueras de Rosario, donde la soledad pesa más que el calor del verano. Un simple llamado cambió mi vida y la de muchos, demostrando que la esperanza puede empezar con una taza de té y una voz amiga.