Cuando soplé sesenta velas y me quedé sola: El cumpleaños en que aprendí la soledad
El día de mi sesenta cumpleaños, mi mayor deseo era no sentirme sola. Mi hija me regaló el nieto que tanto le pedí, pero luego se fue lejos, dejándome a cargo mientras ella buscaba su futuro. Cada tarde, lucho entre el amor por mi nieto y el vacío cruel de la ausencia de mi hija.