La abuela de todos, menos de mis hijos
Mi suegra, doña Carmen, siempre fue la vecina ejemplar en nuestro barrio de Medellín, repartiendo dulces y abrazos a los niños de la cuadra, pero ignorando a sus propios nietos. Esta contradicción me desgarraba el alma y ponía en peligro la paz de mi familia. Entre reproches, silencios y lágrimas, descubrí verdades ocultas y enfrenté el dolor de sentir que mis hijos no eran suficientes para su propia abuela.