La visita a la casa de Doña Carmen: Entre abrazos y cicatrices
Llego al pueblo de mi suegra, exhausta y temerosa, sabiendo que tras su sonrisa se esconde una herida familiar nunca cerrada. En la casa de Doña Carmen, cada palabra puede ser un bálsamo o una chispa que avive el pasado. Esta visita lo cambia todo: remueve viejas heridas, pero también abre la puerta al perdón y la esperanza.