El hombre detrás del uniforme
El silencio que siguió a esas palabras pesó más que cualquier grito. Rodrigo se quedó estático, el rostro aún enrojecido por la ira, sin comprender cómo aquel guardia se atrevía a desafiarlo. Pero en los ojos de Héctor había algo que ningún hombre poderoso podía ignorar: autoridad. La misma que alguna vez lo convirtió en el héroe de su propio barrio, y que ahora, tras años de decepciones y secretos, volvía a resurgir en la noche más inesperada de mi vida.