Ya no abro la puerta
Una noche, encerrada en mi casa, escucho los golpes desesperados de mi hijo Santiago pidiéndome que le abra. El miedo, la culpa y los recuerdos de años de violencia familiar me paralizan. Esta es la historia de cómo el silencio y el dolor pueden encerrar a una madre en su propio hogar y en su propio corazón.