Invertimos todo en nuestro hijo, y ahora somos para él unos fracasados
Toda mi vida la dediqué a mi familia, especialmente a mi hijo, Sebastián. Ahora, con cincuenta años, me enfrento al dolor de sentirme rechazada por él, quien nos ve como un estorbo y no como los padres que lo dieron todo. Esta es la historia de cómo el amor y el sacrificio pueden volverse amargos cuando los sueños y expectativas familiares se rompen.