El pan de la vergüenza
Desde el instante en que vi a mi hijo, Diego, esposado y tembloroso frente al juez, supe que mi vida jamás volvería a ser la misma. La desesperación me había llevado a la cama, enferma y sin fuerzas, mientras él, mi pequeño, arriesgaba todo por salvarme. Ahora, en ese tribunal frío y ajeno, sentí el peso de la culpa y el miedo, preguntándome si la justicia alguna vez entendería el hambre y la necesidad.