La soledad no siempre grita: la historia de Jerónimo y la «Tertulia de los martes»
Me llamo Jerónimo, tengo setenta años y vivo solo en un pequeño chalet a las afueras de Valladolid. Mi vida era un eco de silencios hasta que una tarde de invierno, ayudando a mi vecina Estefanía, descubrí que la soledad no es solo mía. Lo que empezó como una llamada tímida se convirtió en una red de apoyo que salvó vidas y cambió el barrio para siempre.