Cuando la bondad se agota: La historia de doña Carmen y yo
Nunca olvidaré la noche en que doña Carmen, mi vecina de toda la vida, llamó a mi puerta llorando. Su fragilidad me conmovió, pero pronto su dependencia empezó a desgastar mi paciencia y la de mi familia. Al final, tuve que enfrentarme a mis propios límites y a las verdades incómodas sobre la responsabilidad y el egoísmo.