Puertas que nunca volveré a abrir
Hoy entendí que hay puertas que deben cerrarse para siempre. Mi hijo, Santiago, golpeaba la puerta de metal con desesperación, mientras yo, sentada en el suelo de la cocina, temblaba entre recuerdos y culpas. Esta es la historia de cómo una madre puede amar y temer al mismo tiempo, y de cómo, a veces, el amor propio exige decisiones que desgarran el alma.