Le dije a doña María que ya no podía ser su mensajera: La verdad que oculté demasiado tiempo
Todo cambió una noche cualquiera, cuando el peso de una familia ajena me quebró por dentro. Durante años fui el sostén silencioso de doña María, mientras su hija Lucía apenas aparecía. Esta es mi historia de límites, culpa y una rebelión callada que nació en el corazón de una mujer común.