Ojo por ojo en la mesa: El día que enfrenté a mi suegra
Durante años, soporté los desprecios y humillaciones de mi suegra, Doña Carmen, quien nunca aceptó que su hijo eligiera a una mujer como yo. Un domingo cualquiera, en medio de una comida familiar, decidí que ya era suficiente y le demostré que mi dignidad valía más que cualquier tradición o miedo. Mi historia es la voz de todas las nueras silenciadas en Latinoamérica.