La herencia de la sangre: El grito de la viuda comanche
Me llamo Kajira Nasha y durante años me miraron como si fuera invisible, como si mi dolor no contara. Pero cuando los hombres de Don Fermín cruzaron la linde de mi tierra, creyeron que podían arrebatarme todo. No sabían que en mi pecho ardía el fuego de mis antepasados, y que la justicia, para mí, era una deuda sagrada.