La mitad que me queda: El precio de dividir un hogar
Nunca imaginé que el amor de madre pudiera convertirse en una herida tan profunda. Al ver cómo mi hija Ana vende su mitad del piso familiar, siento que el suelo desaparece bajo mis pies. ¿Dónde viviré ahora, y en qué momento se rompió el lazo que nos unía?