Creía que su socio era como un hermano, hasta que unos movimientos en la cuenta le hicieron dudar de todo
Durante años, él compartió con su mejor amigo mucho más que un negocio: madrugones, facturas sin cobrar, comidas rápidas delante del ordenador y la sensación de que, pasara lo que pasara, ninguno dejaría caer al otro.
Pero un detalle aparentemente pequeño en la cuenta de la empresa empezó a quitarle el sueño. Al principio quiso pensar que habría una explicación. Porque hay vínculos que pesan más que un extracto bancario, y porque desconfiar de alguien a quien se ha querido tanto también duele.
Entre la lealtad, el miedo a perderlo todo y una decisión que podía romper una amistad de media vida, tuvo que descubrir hasta dónde llegaba su responsabilidad con los demás… y dónde empezaba su derecho a protegerse. Sigue leyendo su historia más abajo 👇👇